¿cómo es jugar sin jueces de línea?

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No es la primera vez que un Grand Slam se disputa sin jueces de línea. Aunque la oración anterior parezca inverosímil, desde hace un tiempo que en el tenis la tendencia es ir hacia un deporte con casi el 100% de autoridades electrónicas, salvo el umpire que se mantiene como el máximo responsable. La final del US Open entre Novak Djokovic y Daniil Medvédev será el cierre de un torneo sin fallas.

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El famoso out se escuchó durante todo el certamen, pero los jueces de línea no ocupaban sus tradicionales lugares pegados a la pared en el fondo de la pista. La imagen por televisión se va más despejada, casi desnuda, como si faltara algo: no hay humanos. O casi. Apenas los jugadores, el umpire y un puñado de ball boys que resisten a los avances tecnológicos.

El umpire, única autoridad humana en la cancha. EFE

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ASÍ ES EL SISTEMA

El sistema es el mismo que se utiliza desde 2006 y se conoce como Ojo de Halcón, aunque la novedad es que analiza los piques de la pelota en tiempo real. El Hawk-Eye Live envía señales al juez de silla en el que le informa si la pelota es buena o mala, mientras emite con voz humana copiada del característico grito de los jueces de línea, una profesión que fecha de vencimiento.

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Por el momento, la tecnología no ha tenido fallas. Ese margen de error que existía -y todavía aparece en la mayoría de los torneos del circuito ATP- dejó de tener un papel trascendental en el transcurso de los partidos. Ya no hay momentos de discusión entre los jugadores y los jueces de línea o el propio umpire. Al menos no por dudas sobre el pique de la pelota.

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El factor humano todavía persiste porque hay un staff dedicado a chequear si el sistema tuvo errores o desperfectos que obliguen a revisar la legalidad de los puntos. Al mejor estilo VAR, desde una cabina están atentos a vigilar la tecnología que por ahora no necesita de complementos humanos. Así fue en los torneos que se utilizó -Australia Open, por ejemplo- y este Grand Slam.

Balls Boys, los que resisten a la tecnología. EFE

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La única manera que las personas pueden intervenir y desafiar lo que dictaminó la tecnología es si identifican un problema en el sistema que obligue a revisar los puntos de otra manera. Lo que dice el Ojo de Halcón ya es un paradigma establecido.

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Como el sistema demostró ser prácticamente perfecto, y en todo caso los errores serán menos que los que puedan cometer las personas, los más conservadores hablan de un deporte más automatizado que pierda la tradición. Que la tecnología no venza a las emociones es parte del desafío de Jake Japet, director del Hawk Eye de  America del Norte.

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«Tener una voz humana todavía gritando en voz alta en lugar de usar un pitido o algún otro sonido fue una parte importante para asegurarnos de que la sensación del deporte no cambiara», explicó el ejecutivo al diario The New York Times el año pasado, cuando el avance de los jueces electrónicos era inevitable. 

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LOS JUGADORES, DIVIDIDOS

La preocupación de los jueces de línea es, lógicamente, unánime. Desde la aparición del Ojo de Halcón en 2006, el miedo a que la tecnología los reemplazara definitivamente creció con el correr de los años y hoy es una realidad. Pero quienes tienen posiciones encontradas son los tenistas, cuyos argumentos oscilan entre la seguridad que brinda el nuevo sistema y las pérdidas laborales.

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Novak Djokovic, por ejemplo, desde hace un tiempo que reveló su postura: «Con todo el respeto hacia la tradición y la cultura de este deporte, no veo una razón por la que todos los torneos del circuito, en una era tan avanzada, no tengan lo este sistema. La tecnología, aunque es cara, es tan avanzada que no hay razón alguna por la que debamos mantener a los jueces de línea en la pista».

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No fue el único, claro. Pero Rafael Nadal, quien no suele compartir opiniones con el serbio, defendió el antiguo método: «No quiero polémicas, pero a mí me gusta más la pista tradicional, viste más con jueces de línea. Tenemos un deporte con margen para la evolución, que ha cambiado muy pocas cosas en los últimos 50 años. Pero no creo que este sea un camino de mejorar el espectáculo».

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«Podemos quedarnos solos en la pista los jugadores, a nivel tecnológico no sería problema. A mí me gusta que la parte humana intervenga en lo que es el deporte, porque aporta más valor y tiene más gracia», agregó el español cuando le consultaron sobre el tema hace unos meses. Por contratiempos físicos, no estuvo en el US Open.

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QUÉ TORNEOS LO INCORPORARON

El Grand Slam de Estados Unidos no es el primer torneo ni tampoco la primera edición en la que la organización se vuelca por esta alternativa. El US Open 2020, cuando la pandemia estaba en su momento más álgido, la necesidad de reducir la cantidad de personas en la cancha hizo que los directores del torneo eligieran esta opción, aunque solo en las canchas de exteriores.

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La experiencia fue positiva, al igual que había sido en Cincinnati semanas atrás. El Masters de Londres, que reunió a los mejores ocho de la temporada también contó con este sistema y el Australia Open 2021 lo adoptó de manera definitiva. Sin errores ni contratiempos, todo el US Open Series -el Grand Slam y los torneos previos- lo implementó para todos sus partidos. Una nuevo tenis.

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